Sábado 6 de junio: Atravesando los Llanos de Venezuela

Sábado 6 de junio

El viaje hasta San Fernando de Apure duraría unas 6 horas aproximadamente. Nos no había dado tiempo a relajarnos cuando algunos miembros de la expedición ya notaban que la temperatura en el autocar era demasiado baja, de manera que lo que al principio resultó agradable ahora ya resultaba incómodo y nada confortable. David se acercó al conductor para pedirle que subiera un poco la temperatura porque hacía demasiado frío. La respuesta que recibió lo dejó atónito y no es para menos. El conductor le dijo que si no tenía ropa de abrigo y tenía frío que se metiera debajo del asiento. Todas las prendas de abrigo viajaban secuestradas en el maletero. Sin esperanzas de conmover al conductor, y ante la expectativa de una noche muy dura, la guasa fue la única vía de escape.

Cada uno de los expedicionarios sacó del equipaje de mano la ropa que pudo. Raimundo parecía una momia egipcia dentro de un fino saco de dormir, Alba un buzo sin máscara con la cabeza forrada y yo podía pasar por bolsa de basura parapetado entre el plástico de un impermeable azul. Hubo quien recurrió a las camisetas de manga larga, a mantas de viaje, sacos de dormir y hasta las propias mochilas. Este fue el caso de Pelayo, quien no dudó en soportar durante horas el peso de la mochila antes que recibir directamente sobre el cuerpo el chorro de aire frío que salía justo por una de las rendijas que tenía encima de la cabeza. A pesar de sus intentos por pasar el menos frío posible, la noche de viaje le costó una afonía que le duró varios días.

En torno a las 4.30 h llegamos a San Fernando de Apure. Todavía era noche cerrada y, a pesar de la hora, la estación estaba muy concurrida. Al salir del autocar el choque de temperaturas fue fortísimo. Pasamos de un frío intenso a un calor sofocante y húmedo. Allí nos esperaban una furgoneta en la que viajaríamos hasta Puerto Ayacucho y una camioneta para el equipaje, cedidas por la alcaldía de Puerto Ayacucho. Antes de reemprender el camino conocimos a otro miembro de nuestro equipo, Abelardo, veterinario estudiante de post-grado de la Universidad Central de Venezuela que se incorporaba a nuestra expedición y que nos acompañaría también en nuestro viaje de regreso a Málaga, donde tenía intención de realizar una estancia a cargo del proyecto.

Durante una hora, más o menos, viajamos todavía de noche. La furgoneta no era tan espaciosa como el autocar en el que viajamos desde Caracas, pero resultó cómoda y los expedicionarios parecían viajar relajados. En torno a las 5.30 h salió el sol y Los Llanos asumieron todo el protagonismo. Salpicada de baches, la carretera transcurre elevada durante todo el trayecto para evitar que sea inundada durante la estación lluviosa. Precisamente, nos encontrábamos en esta época del año, pero las lluvias todavía no habían sido abundantes. Sin duda esto permitió observar una mayor variedad de animales, ya que éstos se concentraban en las pequeñas charcas existentes. En estos momentos ya se había olvidado el sueño y el cansancio acumulado y el entusiasmo al observar fauna silvestre en Venezuela desplazó cualquier  otro pensamiento que pudiéramos haber tenido instantes anteriores.

Una y otra vez paramos para identificar y fotografiar toda la fauna con la que nos íbamos tropezando. La abundancia y diversidad en torno a cada charca era impresionante. Vimos, entre otras especies, zamuros (un tipo de buitre), garcillas, garzas, ibis escarlatas, babos (caimanes), capibaras, una pareja de hoatzines (extraño ave que presenta garras en los dedos de las alas), peces gato con sus larvas que parecen renacuajos, espátulas, avefrías, charranes, el trepidar del agua por la presencia de los caribes (pirañas) y un colibrí del tamaño de un abejorro. En la orilla de una de las charcas Alba pegó un brinco y se colocó detrás de Rai, asustada por el brusco movimiento de un babo que estaba oculto, justo bajo la superficie del agua, a menos de un metro de ellos. Paramos en un par de ocasiones más, aunque no atraídos por la fauna sino por los puestos de carretera donde se vendía delicioso queso blanco, arepas y empanadas rellenas de carne y verduras.

Recientemente se han construido dos puentes sobre sendos ríos, lo que permitió que sólo el río Orinoco tuviera que ser cruzado en barcaza, ya muy cerca de nuestro próximo destino, Puerto Ayacucho. Una vez en el Estado Amazonas pasamos nuestro primer control militar, algo que en los días sucesivos llegaría a convertirse en una rutina.

Al llegar a Puerto Ayacucho nos dirigimos al Hotel Amazonas, donde nos encontramos con Darío, funcionario de la administración de educación del Estado de Amazonas, quien debía acompañarnos en nuestro viaje por el interior de la selva. Jesús, Pelayo, David y yo nos alojábamos en el Hotel Amazonas. El resto de los expedicionarios se repartirían en las casas de nuestros anfitriones. Rai y Jorge lo harían en casa de César, pariente de Ángel Olivo. José Manuel y Juan Carlos en casa de Olivo, y Ana Luz, Carolina y Alba en una casa cedida por Mara, la mujer de Olivo.

Después del reparto, quedamos en que nos veríamos en el restaurante del Hotel Amazonas para almorzar. Fue aquí donde nos dimos cuenta que no era nada práctico que los miembros de la expedición estuviésemos tan dispersos. Estábamos todos excepto las tres mujeres. No había forma de contactar con ellas ni con Mara, que era con quien suponíamos que estaban. Darío fue a buscarlas pero tampoco las encontró. Al rato llegaron al restaurante del hotel las tres chicas con Mara. Fue entonces cuando el ambiente se relajó y pudimos almorzar tranquilamente. Este hecho hizo que Rai tomara la decisión, respaldada por todos, de que, mientras estuviésemos en Puerto Ayacucho, debíamos estar juntos. Al final, todos nos hospedamos en el Hotel Amazonas, menos José Manuel y Juan Carlos que dormirían en casa de Ángel Olivo.

Después del almuerzo, Juan Noguera y Darío se reunieron con Rai para discutir las opciones que había. Se fue comprobando que no iba a ser posible salir para Atabapo el lunes, como estaba previsto, ya que no se disponía de los permisos requeridos y no se había sacado los boletos para la voladora (una lancha rápida) que nos tenía que llevar allí, que para salir el lunes había que haberlos sacado el viernes. Por tanto, había que aprovechar el lunes para conseguir todos los permisos y partir el martes, el último día que podíamos salir si queríamos realizar el trabajo previsto.

A media tarde llegaron José Manuel y Juan Carlos, que habían viajado por la mañana desde Caracas en el coche de Juan Olivo. Más tarde, mientras Raimundo, José Manuel, Juan Carlos, Darío, Juan Noguera, dos líderes indígenas, un abogado y un militar se reunían en el hall del Hotel Amazonas para dilucidar cuál era la situación en cuanto a los permisos que necesitábamos para realizar la expedición, el resto de componentes del equipo decidimos dar un paseo por Puerto Ayacucho.

Tras la reunión Raimundo nos convocó a todos para ponernos al corriente de la situación. Las noticias que nos trasmitió sólo presagiaban problemas y complicaciones. Se confirmaba que el Ministerio del Ambiente se desmarcaba del proyecto. Además, había un nuevo Ministerio denominado “de los Pueblo Indígenas”, que no nos concedía el permiso para trabajar con las comunidades indígenas. También nos dijo que se había convocado un foro (una conferencia participativa) para el lunes por la tarde, a la que se había invitado a autoridades, universidades y medios de comunicación, para buscar apoyos para el proyecto.

Tras la reunión nos fuimos a cenar a una pizzería. El ánimo del grupo estaba bastante bajo, sobre todo teniendo en cuenta que la expedición estaba en el aire y que, si se hacía, no se iniciaría hasta el martes día 9, porque el lunes debíamos asistir al foro donde se dilucidaría todo. En el mejor de los casos ya habríamos consumido el único día de margen que habíamos reservado por si surgía algún imprevisto en la selva.

 

Miguel Ángel Farfán

2 comentarios para “Sábado 6 de junio: Atravesando los Llanos de Venezuela”

  • Alba:

    ¡Qué guay está poder leer todo esto y revivirlo otra vez! Gracias a todos los que tomasteis nota y a los que estáis escribiendo el diario digital. Un abrazo fuerte, Alba

  • CE:

    Saludos,

    Me interesaria mucho contar con mas detalles al respecto de esta expedicion.
    Si no es molestia le agradezco si me puede porfavor contactar al e-mail suministrado para explicarle con mas detalle.

    Muchas gracias…

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