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Sábado 6 de junio: Atravesando los Llanos de Venezuela

Sábado 6 de junio

El viaje hasta San Fernando de Apure duraría unas 6 horas aproximadamente. Nos no había dado tiempo a relajarnos cuando algunos miembros de la expedición ya notaban que la temperatura en el autocar era demasiado baja, de manera que lo que al principio resultó agradable ahora ya resultaba incómodo y nada confortable. David se acercó al conductor para pedirle que subiera un poco la temperatura porque hacía demasiado frío. La respuesta que recibió lo dejó atónito y no es para menos. El conductor le dijo que si no tenía ropa de abrigo y tenía frío que se metiera debajo del asiento. Todas las prendas de abrigo viajaban secuestradas en el maletero. Sin esperanzas de conmover al conductor, y ante la expectativa de una noche muy dura, la guasa fue la única vía de escape.

Cada uno de los expedicionarios sacó del equipaje de mano la ropa que pudo. Raimundo parecía una momia egipcia dentro de un fino saco de dormir, Alba un buzo sin máscara con la cabeza forrada y yo podía pasar por bolsa de basura parapetado entre el plástico de un impermeable azul. Hubo quien recurrió a las camisetas de manga larga, a mantas de viaje, sacos de dormir y hasta las propias mochilas. Este fue el caso de Pelayo, quien no dudó en soportar durante horas el peso de la mochila antes que recibir directamente sobre el cuerpo el chorro de aire frío que salía justo por una de las rendijas que tenía encima de la cabeza. A pesar de sus intentos por pasar el menos frío posible, la noche de viaje le costó una afonía que le duró varios días.

En torno a las 4.30 h llegamos a San Fernando de Apure. Todavía era noche cerrada y, a pesar de la hora, la estación estaba muy concurrida. Al salir del autocar el choque de temperaturas fue fortísimo. Pasamos de un frío intenso a un calor sofocante y húmedo. Allí nos esperaban una furgoneta en la que viajaríamos hasta Puerto Ayacucho y una camioneta para el equipaje, cedidas por la alcaldía de Puerto Ayacucho. Antes de reemprender el camino conocimos a otro miembro de nuestro equipo, Abelardo, veterinario estudiante de post-grado de la Universidad Central de Venezuela que se incorporaba a nuestra expedición y que nos acompañaría también en nuestro viaje de regreso a Málaga, donde tenía intención de realizar una estancia a cargo del proyecto.

Durante una hora, más o menos, viajamos todavía de noche. La furgoneta no era tan espaciosa como el autocar en el que viajamos desde Caracas, pero resultó cómoda y los expedicionarios parecían viajar relajados. En torno a las 5.30 h salió el sol y Los Llanos asumieron todo el protagonismo. Salpicada de baches, la carretera transcurre elevada durante todo el trayecto para evitar que sea inundada durante la estación lluviosa. Precisamente, nos encontrábamos en esta época del año, pero las lluvias todavía no habían sido abundantes. Sin duda esto permitió observar una mayor variedad de animales, ya que éstos se concentraban en las pequeñas charcas existentes. En estos momentos ya se había olvidado el sueño y el cansancio acumulado y el entusiasmo al observar fauna silvestre en Venezuela desplazó cualquier  otro pensamiento que pudiéramos haber tenido instantes anteriores.

Una y otra vez paramos para identificar y fotografiar toda la fauna con la que nos íbamos tropezando. La abundancia y diversidad en torno a cada charca era impresionante. Vimos, entre otras especies, zamuros (un tipo de buitre), garcillas, garzas, ibis escarlatas, babos (caimanes), capibaras, una pareja de hoatzines (extraño ave que presenta garras en los dedos de las alas), peces gato con sus larvas que parecen renacuajos, espátulas, avefrías, charranes, el trepidar del agua por la presencia de los caribes (pirañas) y un colibrí del tamaño de un abejorro. En la orilla de una de las charcas Alba pegó un brinco y se colocó detrás de Rai, asustada por el brusco movimiento de un babo que estaba oculto, justo bajo la superficie del agua, a menos de un metro de ellos. Paramos en un par de ocasiones más, aunque no atraídos por la fauna sino por los puestos de carretera donde se vendía delicioso queso blanco, arepas y empanadas rellenas de carne y verduras.

Recientemente se han construido dos puentes sobre sendos ríos, lo que permitió que sólo el río Orinoco tuviera que ser cruzado en barcaza, ya muy cerca de nuestro próximo destino, Puerto Ayacucho. Una vez en el Estado Amazonas pasamos nuestro primer control militar, algo que en los días sucesivos llegaría a convertirse en una rutina.

Al llegar a Puerto Ayacucho nos dirigimos al Hotel Amazonas, donde nos encontramos con Darío, funcionario de la administración de educación del Estado de Amazonas, quien debía acompañarnos en nuestro viaje por el interior de la selva. Jesús, Pelayo, David y yo nos alojábamos en el Hotel Amazonas. El resto de los expedicionarios se repartirían en las casas de nuestros anfitriones. Rai y Jorge lo harían en casa de César, pariente de Ángel Olivo. José Manuel y Juan Carlos en casa de Olivo, y Ana Luz, Carolina y Alba en una casa cedida por Mara, la mujer de Olivo.

Después del reparto, quedamos en que nos veríamos en el restaurante del Hotel Amazonas para almorzar. Fue aquí donde nos dimos cuenta que no era nada práctico que los miembros de la expedición estuviésemos tan dispersos. Estábamos todos excepto las tres mujeres. No había forma de contactar con ellas ni con Mara, que era con quien suponíamos que estaban. Darío fue a buscarlas pero tampoco las encontró. Al rato llegaron al restaurante del hotel las tres chicas con Mara. Fue entonces cuando el ambiente se relajó y pudimos almorzar tranquilamente. Este hecho hizo que Rai tomara la decisión, respaldada por todos, de que, mientras estuviésemos en Puerto Ayacucho, debíamos estar juntos. Al final, todos nos hospedamos en el Hotel Amazonas, menos José Manuel y Juan Carlos que dormirían en casa de Ángel Olivo.

Después del almuerzo, Juan Noguera y Darío se reunieron con Rai para discutir las opciones que había. Se fue comprobando que no iba a ser posible salir para Atabapo el lunes, como estaba previsto, ya que no se disponía de los permisos requeridos y no se había sacado los boletos para la voladora (una lancha rápida) que nos tenía que llevar allí, que para salir el lunes había que haberlos sacado el viernes. Por tanto, había que aprovechar el lunes para conseguir todos los permisos y partir el martes, el último día que podíamos salir si queríamos realizar el trabajo previsto.

A media tarde llegaron José Manuel y Juan Carlos, que habían viajado por la mañana desde Caracas en el coche de Juan Olivo. Más tarde, mientras Raimundo, José Manuel, Juan Carlos, Darío, Juan Noguera, dos líderes indígenas, un abogado y un militar se reunían en el hall del Hotel Amazonas para dilucidar cuál era la situación en cuanto a los permisos que necesitábamos para realizar la expedición, el resto de componentes del equipo decidimos dar un paseo por Puerto Ayacucho.

Tras la reunión Raimundo nos convocó a todos para ponernos al corriente de la situación. Las noticias que nos trasmitió sólo presagiaban problemas y complicaciones. Se confirmaba que el Ministerio del Ambiente se desmarcaba del proyecto. Además, había un nuevo Ministerio denominado “de los Pueblo Indígenas”, que no nos concedía el permiso para trabajar con las comunidades indígenas. También nos dijo que se había convocado un foro (una conferencia participativa) para el lunes por la tarde, a la que se había invitado a autoridades, universidades y medios de comunicación, para buscar apoyos para el proyecto.

Tras la reunión nos fuimos a cenar a una pizzería. El ánimo del grupo estaba bastante bajo, sobre todo teniendo en cuenta que la expedición estaba en el aire y que, si se hacía, no se iniciaría hasta el martes día 9, porque el lunes debíamos asistir al foro donde se dilucidaría todo. En el mejor de los casos ya habríamos consumido el único día de margen que habíamos reservado por si surgía algún imprevisto en la selva.

 

Miguel Ángel Farfán

Viernes 5 de junio: El comienzo del viaje

Viernes 5 de junio

El día se iniciaba temprano para los componentes de la expedición Casiquiare. Los que salíamos de Málaga hacia Madrid, desde donde partía el vuelo en dirección a Caracas, estábamos en pie antes de que el sol iluminara las calles. La tensión y la inquietud que producía la aventura que estábamos a punto de iniciar sirvieron, sin duda, para romper sin esfuerzo el abrazo de Morfeo que nos había tenido sumergidos en un sueño que, para algunos, no fue del todo plácido.

Como se había acordado, aproximadamente a las 7,30 h de la mañana todos los miembros de la expedición procedentes de Málaga estábamos en la terminal de salida del aeropuerto. Bueno, no todos, Antonio Román había causado baja cinco días antes por enfermedad, una diverticulitis que hubiera tenido graves consecuencias si le hubiera afectado en plena selva. Antonio era un veterano de los cuatro viajes anteriores y su falta iba a ser sensible en la identificación de las aves, además de que nos dejaba preocupados por su estado de salud. El equipo malagueño estaba entonces formado por José Manuel Ríos, Juan Carlos Tójar, Ana Luz Márquez, Alba Estrada, Miguel Ángel Farfán y Raimundo Real como veteranos de otros viajes, y Carolina Márquez, David Romero, Jesús Olivero y Pelayo Acevedo como novatos.

 La facturación transcurrió sin problemas y no hubo ningún imprevisto de última hora. La estancia en el aeropuerto fue breve, como lo fue también alguna despedida seguida de llanto, y a las 9,30 h ya estábamos volando hacia Madrid. El ambiente era relajado, aunque todavía había algún expedicionario al que le costaba relajarse tras separarse de los familiares.

Al llegar a Madrid aprovechamos para picar algo antes de salir destino a Venezuela. Fue aquí donde se nos incorporó el último expedicionario español, Jorge Lobo, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales quien fue invitado por Raimundo. Tras las presentaciones iniciales Raimundo aprovechó para ponerle al corriente acerca de las últimas noticias recibidas desde Venezuela en relación a la expedición, las cuales no eran nada esperanzadoras. Hacía dos días que supimos que el actual director del Ministerio del Ambiente en Puerto Ayacucho se negaba a colaborar con el proyecto, sin dar razones para ello, lo que suponía una nueva baja en el equipo de trabajo, la de Juan Carlos Fermín, un ingeniero agrónomo venezolano que nos iba a ayudar con la identificación de las clases de vegetación detectadas por satélite. Pero nos quedaba el apoyo del Ministerio de Educación y, en realidad, con eso era suficiente para estar autorizados a viajar a la zona de selva.

El largo vuelo hasta Caracas no se hizo demasiado pesado y no hubo ningún incidente que resaltar. Como era de esperar sirvió para comentar múltiples aspectos sobre la expedición. En una conversación mantenida con Raimundo me comentaba la inquietud que le planteaba el hecho de no saber si podríamos transmitir la esencia del proyecto al resto de personas y entidades implicadas. Las horas de vuelo dieron lugar a momentos para el descanso, las tertulias y la revisión de las fichas y demás material que se le iba a presentar a las comunidades durante el trabajo conjunto.

Aproximadamente a las 15,00 h llegamos al aeropuerto de Maiquetía. Nada más bajarnos del avión nos provocó cierta sensación de incomodidad el ver a los operarios del aeropuerto con mascarillas, lo cual nos recordó de forma inmediata el problema que estaba causando la gripe A, que ya había matado por entonces a varias personas. La primera sorpresa agradable fue comprobar que todo el equipaje llegó correctamente. La segunda fue ver a Juan Noguera, profesor de la Universidad Central de Venezuela, que esperaba nuestra llegada. Una vez que cruzamos la aduana, Raimundo y alguno más del grupo procedieron a cambiar algo de dinero. Los cambistas ofrecían 7 bolívares fuertes por euro, mientras que el cambio oficial no llegaba a los 3 bolívares.

Por expediciones anteriores ya sabíamos que Caracas era una ciudad muy insegura. Actualmente, está considerada como la ciudad más peligrosa del mundo donde los secuestros express son un hecho con el que se convive diariamente y donde para robar primero se dispara. Conscientes de ello decidimos apurar todo el tiempo posible en el propio aeropuerto. José Manuel y Juan Carlos se fueron en un coche a un hotel donde habían quedado con Juan Olivo, Presidente del Concejo de Puerto Ayacucho, y con el que harían el camino hasta esta última ciudad al día siguiente. Los demás decidimos comer algo en un pequeño restaurante situado en la primera planta, mientras Juan Noguera informaba a Raimundo de un nuevo obstáculo, la existencia de un nuevo Ministerio de los Pueblos Indígenas que debe ahora autorizar las consultas con las comunidades indígenas y que se niega a hacerlo, también sin aducir ninguna causa. Toda la expedición está, por consiguiente, en el aire.

Tras comer tomamos un microbús que nos llevó directamente hasta la estación de autobuses “La Bandera”. Ésta constituía el punto de partida hacia nuestra siguiente parada, San Fernando de Apure, en la región conocida como “Los Llanos de Venezuela”. A medida que ascendíamos hacia el centro de la ciudad tomamos conciencia de la intensidad del tráfico y de lo caótico del mismo. Los arcenes constituían un carril más por el que circulaban tanto camiones pesados como turismos y motocicletas. Impactante fue ver de nuevo las montañas tapizadas de chabolas, llamadas ranchitos, que recuerdan a las favelas brasileñas. El amasijo de chabolas de ladrillo visto, ocasionalmente coloreadas de blanco o azul, pronto se fundió con los barrios residenciales de torres altas que, a su vez, dieron paso al centro de la ciudad.

Tras recoger el equipaje del profesor Juan Noguera, que se encontraba en el hotel Cuatricentenario, fuimos a la estación, que estaba atestada. Era viernes noche, momento en el que se producían una gran cantidad de desplazamientos de personas hacia otras ciudades y estados vecinos. La sensación que daba la estación era la misma que la del resto de la ciudad que habíamos visto hasta ahora. Bulliciosa, sucia, deteriorada y atestada de pequeños puestos ambulantes y mostradores repletos de refrescos, comida rápida y golosinas. Pensé que esta situación de caos, pobreza y suciedad sería la que existía en España varias décadas atrás. Por otra parte, también tenía la sensación de que el grupo que formábamos tenía que resultar bastante raro a los ojos de los venezolanos, cargados como íbamos de maletas y paquetes.

El calor y la humedad tropical se hacían cada vez más patentes. Todos teníamos ganas de que llegara el autobús para poder desprendernos del equipaje y relajarnos un rato. En principio debíamos salir sobre las nueve, pero no lo hicimos hasta dos horas más tarde, lo que constituyó nuestra primera experiencia de larga “espera a la venezolana”. Mientras tanto, durante más de una hora, una voz chillona gritó sin parar “¡Expreso a Maracaibooooo! ¡Expreso a Maracaibooooo!”, que no era para nosotros.  La empresa que nos llevaba se llamaba “El expreso de los llanos”. Nos sentimos muy satisfechos cuando pudimos subir y vimos que los asientos eran espaciosos y confortables. Además, la temperatura del interior resultaba muy agradable si se comparaba con el bochorno que hacía fuera. Lo cierto es que todo apuntaba a que la noche de viaje iba a ser muy agradable y que podríamos descansar durante un buen rato. Pero no fue así.

 

M. A. Farfán, con apuntes de Jesús Olivero, David Romero y Raimundo Real

Hemos llegado a Málaga

A la una y media de hoy, viernes 19 de junio de 2009, hemos vuelto todos los miembros de la expedición Casiquiare. Jorge Lobo se quedó en Madrid y los demás expedicionarios hemos llegado con tres horas de retraso, ya que perdimos el avión que debía traernos desde Madrid a Málaga. Hemos llegado cansados pero en razonables condiciones.

Durante toda la expedición hemos estado incomunicados. La anterior entrada la colocó en mi nombre nuestro querido colaborador Juan Noguera, en una de las difíciles conexiones a Internet que se consiguen en Puerto Ayacucho, mientras nosotros subíamos dificultosamente por el río Guainía rumbo a Maroa. En el camino hemos superado denegaciones de permisos, retrasos en las salidas de las embarcaciones, lluvias torreciales, calores tropicales, fríos increíbles allá donde hubiera aire acondicionado, caídas, lesiones, picaduras de mosquitos, puri-puris, chivacoas, termitas, hormigas, espinas, hambre, incertidumbres, la caída de la noche en plena navegación teniendo que dormir en una churuata indígena, peligros de mineros ilegales, guerrilleros y malandros (como allí los llaman), la incomunicación, el extravío de un pasaporte en la zona más interna de la selva y hasta la caída de un puente debido a las lluvias y que dejó a Puerto Ayacucho incomunicado por tierra con el resto del país. Pero hemos podido trabajar con seis comunidades indígenas, hacer todo el recorrido previsto dentro del tiempo programado, atravesar el maravilloso canal Casiquiare de parte a parte, desde el Orinoco al Amazonas, viendo ademán innumerables oatzines, toninas (delfines fluviales), perros de agua (nutrias gigantes), monos saltando entre los árboles y hasta un perezoso. Creo que, para todos, ésta ha sido una experiencia que nos ha enriquecido y nos ha hecho crecer, en la extrema maravilla y en la extrema adversidad.

El blog está concebido como diario y así se irá escribiendo en las próximas fechas, si bien se hará con retraso debido a la imposibilidad que ha habido para comunicar en tiempo real. Pero creo que la divulgación de este diario de la expedición servirá de acta de lo que aquí ha ocurrido, o al menos de aquello que puede divulgarse.

EL VIERNES 5 DE JUNIO LLEGAN A CARACAS Y SIGUEN PARA AMAZONAS

EL VIERNES 5 DE JUNIO A LAS 4,30 DE LA TARDE LLEGARON AL AEROPUERTO INTERNACIONAL DE MAIQUETÍA LA DELEGACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA ENCABEZADA POR LOS PROFESORES RAIMUNDO REAL Y JOSÉ MANUEL RIOS. INMEDIATAMENTE DESDE EL TERMINAL DE LA BANDERA  EN CARACAS SALIÓ EL BUSCAMA DE LA EMPRESA EXPRESOS DE LOS LLANOS RUMBO A SAN FERNANDO DE APURE, A DONDE SE LLEGÓ CERCA DE LAS 4 DE LA MAÑANA., DESPUÉS DE PASAR UNA NOCHE MUY FRÍA DEBIDO AL AIRE ACONDICIONADO.

EN EL TERMINAL DE SAN FERNANDO DE APURE NOS ESPERA UN TRANSPORTE DEL MUNICIPIO ALTO ORINOCO PARA ATRAVESAR LOS LLANOS VENEZOLANOS Y LLEGAR A LA SELVA DEL AMAZONAS. aPENAS AMANECIÓ SE HICIERON VARIAS PARADAS PARA OBSERVAR ANIMALES DE LA FAUNA LLANERA: PÁJAROS,  BABOS, CHIGUIRES, ETC….. CERCA DEL MEDIODÍA YA ESTÁBAMOS EN PUERTO AYACUCHO. UNA VEZ MÁS TENÍAMOS LA DISPOSICIÓN DE  CONOCER EN PROFUNDIDAD LA SELVA VENEZOLANA Y LOS PUEBLOS QUE EN EN ELLA HABITAN, CON SU INMENSA RIQUEZA CULTURAL E HISTÓRICA. 

Comienza la expedición Casiquiare

Mañana, día cinco de junio, comienza la expedición Casiquiare. Saldremos de Málaga a las 9:30 (hora española) y llegaremos a Caracas a la 15:45 (hora venezolana). Seguiremos viaje por carretera hasta Puerto Ayacucho (550 km en línea recta), a donde llegaremos el sábado a media mañana. Estaremos muertos después  de más de un día de viaje sin descanso.

 

 

La Iguana

El viernes día cinco de junio salimos para Venezuela. Desde Caracas viajaremos a Puerto Ayacucho, cruzando en autobús de línea los Llanos (aproximadamente será como ir de Málaga a Bilbao). De Puerto Ayacucho iremos en voladora (lancha rápida) hasta San Fernando de Atabapo,  donde pasaremos dos días para visitar las comunidades indígenas próximas (Primavera, Cáscara Dura y Minicia Vieja). 

Desde Atabapo a Tamatama, que será la siguiente parada, viajaremos de nuevo en voladora durante más de 10 horas.

El barco de la foto se llama ”La Iguana” y ya ha zarpado para Tamatama, donde nos recogerá para comenzar el recorrido por el Río Casiquiare. Este río es un canal natural que conecta las cuencas de los ríos Orinoco y Amazonas. Tenemos previsto recorrer el Casiquiare en cuatro dias, visitando las comunidades indígenas que vayamos encontrando.

Nos ha informado el capitan de La Iguana que este año se está retrasando la época de lluvias y los ríos están muy bajos, pero que son navegables. No debe haber nervio.

 

 

Trabajos previos para la expedición al Casiquiare 2009

Clasificación hipertemporal del Índice de Vegetación Normalizado (NDVI) de la Amazonía venezolana a partir de imágenes de satélite.

Una parte importante en esta expedición trata de integrar las nuevas tecnologías y la metodología científica con los conocimientos y los usos tradicionales de los indígenas. Con este propósito, hemos realizado un mapa de clases de vegetación basándose en los perfiles de NDVI de los últimos 9 años. Estos mapas, se mostrarán a las comunidades del Orinoco, Casiquiare y Rio Negro para poder relacionarlos con los usos que hacen los indígenas de las distintas zonas de la selva. El objetivo de este estudio, es poder evaluar, cuantificar, y expresar en un mapa las necesidades de las comunidades indígenas en base a las características espectrales y fenológicas de la vegetación.

Para realizar la clasificación de NDVI se obtuvieron 218 capas con un intervalo de 15 días que abarcan desde Marzo del 2000 hasta Marzo del 2009 procedentes de imágenes del sensor MODIS (Moderate Resolution Imaging Spectroradiometer) situado a bordo del satélite Terra, las imágenes de este sensor se pueden descargar gratuitamente (https://lpdaac.usgs.gov/).

Un problema muy importante para el uso de imágenes de satélite en el trópico húmedo es la nubosidad, gran parte de las imágenes obtenidas estaban parcialmente o incluso totalmente cubiertas de nubes, especialmente en la época de lluvias, lo que hace que el valor del índice de vegetación no sea fiable. Para solucionar este problema, se decidió agregar estas imágenes en periodos de 2 meses, tomando para cada píxel, el valor más fiable durante esos dos meses. De ese modo, los datos fueron agregados hasta obtener 54 imágenes representando los perfiles de NDVI a intervalos de dos meses entre Marzo del año 2000 hasta Marzo de 2009.

Estas imágenes sirvieron para realizar una clasificación no supervisada que resultó en un número óptimo de 30 clases de NDVI, con la situación geográfica de estas clases. Ahora solo queda por saber que significado tienen estas para la gente que habita esas tierras.

Figura 1.-Diagrama del proceso de creación de la clasificación hipertemporal de NDVI.

Proyecto actual

En 2009 la AECID aprobó otro proyecto titulado “Integración de conocimientos tradicionales y científicos para responder a los efectos del cambio climático en la Amazonía” en cooperación entre la Universidad de Málaga, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universidad Pedagógica Libertador (Venezuela), la Universidad Central de Venezuela y la Universidad de Oriente (Venezuela).

El presente proyecto representa la continuidad natural con los anteriores, con la intención de iniciar el abordaje de un tema de importancia global que puede afectar de forma particular a la Amazonía, como es el de los efectos del cambio climático en los ecosistemas y en las comunidades humanas.

A continuación podéis ver el recorrido que se realizará en el proyecto 2009

Antecedentes

El interés por la conservación de la naturaleza llevó en 2001 a un grupo de investigadores de la Universidad de Málaga a realizar un primer viaje al Estado de Amazonas de Venezuela en el marco del proyecto “Mejora de la conservación de especies amenazadas y en peligro de extinción en el Parque Ornitológico El Retiro Málaga, España”, financiado por los fondos FEDER de la Unión Europea y por el Ministerio de Educación y Cultura de España. El objetivo de dicho viaje era estudiar la posibilidad reintroducir en su hábitat natural especies amenazadas de crácidos (llamados pajuís en Venezuela) criadas en cautividad. Se visitaron, en colaboración con la Zona Educativa del Estado Amazonas, las localidades de San Juan de Manapiare, Tencua, La Esmeralda, Mavaca y San Fernando de Atabapo.

Para continuar con el estudio de los problemas de conservación en el Estado de Amazonas, en 2006 se inició un nuevo proyecto con el objetivo de abordar la conservación de las especies integrando el conocimiento tradicional de las comunidades indígenas y el conocimiento científico, prestando especial atención a los aspectos educativos. Este proyecto, titulado “Desarrollo rural, gestión de reservas naturales y promoción de la educación ambiental en ayuntamientos del estado Amazonas (República Bolivariana de Venezuela)” y financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional, se realizó en cooperación entre la Universidad de Málaga y la Universidad Central de Venezuela. Así, en febrero de ese año se realizó una visita preparatoria a Puerto Ayacucho y a San Fernando de Atabapo, y en julio un equipo de trabajo integrado por personal de la Universidad de Málaga, del Ministerio del Ambiente de Venezuela y de la Zona Educativa del Estado, realizó una visita a diferentes comunidades de los municipios de Atabapo, Manapiare, Maroa y Río Negro. Las comunidades visitadas fueron: Caño Mure, Primavera, Cáscara Dura, Minicia Vieja, Marueta, Marieta, Tencua, San Juan de Manapiare, Aguas Mansas, Victorino, Guzmán Blanco, Comunidad, Solano y Chapazón. Se trato con 12 etnias indígenas diferentes: Yeral, Beniva, Baré, Curripaco, Warekena, Piapoco, Guajibo o Jivi, Maco, Piaro o Wóótiga, Puinave, Yanomami, Ye´kuana.

Exceptuando Caño Mure, todas las demás elaboraron un material sobre los animales más importantes para cada una de las comunidades. En Marieta y Marueta se hicieron tres grupos diferentes para elaborar las fichas del material. En Manapiare se constituyeron 6 grupos y cada uno de ellos correspondía a un pueblo indígena diferente. Algunas comunidades están formadas por un único pueblo indígena, mientras que en otras, como San Juan de Manapiare o Solano, conviven diferentes pueblos indígenas dentro de la comunidad.

A continuación podéis ver los participantes y el recorrido realizado en la expedición del 2006:

Participantes en la expedición 2006Trayecto realizado en la expedición de 2006
Cada grupo de trabajo establecía la lista de los 10 animales más importantes para la comunidad, y se elegía uno de ellos para profundizar más en su evaluación. Del animal seleccionado se realizaba la descripción física y la de sus hábitos, la situación de las poblaciones de la especie en el territorio de influencia de la comunidad, se analizaba el papel cultural de la especie, se realizaban propuestas para su conservación y, finalmente, se elaboraba un dibujo del animal.

De vuelta en España se analizó la información recogida durante la expedición científica, se seleccionaron las 4 especies más frecuentemente elegidas por las comunidades y se recopiló para ellas toda la información relevante aportada por las distintas etnias en sus correspondientes fichas. A todo esto se le añadió alguna información científica y el resultado se compiló en un documento en forma de libro.

En el año 2007 la AECI aprobó un nuevo proyecto titulado “Utilización de las TIC para el desarrollo de los pueblos indígenas y uso social de su idioma. (Republica Bolivariana de Venezuela)”, también en cooperación entre la Universidad de Málaga y la Universidad Central de Venezuela. Se realizó en junio de ese año una nueva visita a las comunidades de Atabapo, Primavera, Cáscara Dura, Minicia Vieja, Aguas Mansas, Victorino, Guzmán Blanco, Comunidad, Solano y Chapazón, en las que se presentó el documento con los primeros resultados de la expedición anterior. El objetivo de esta visita fue que las comunidades revisaran el documento e hicieran las modificaciones que considerasen oportunas y elaboraran propuestas de conservación de especies consensuadas por las distintas comunidades.